“Primero, lo que muchas veces define a aquellos que nos desdeñan es el esnobismo intelectual. Suelen pertenecer a ese pequeño sector de la población mundial que goza de la suerte de haber tenido una buena educación, permitiéndoles desarrollar a un alto nivel su capacidad cerebral. Lo que no ven desde sus torres de marfil es que el mundo del fútbol es la democracia más grande que hay. Da igual que uno sea rico o pobre, culto o analfabeto, el fútbol nos permite a todos hablarnos de tú a tú, en igualdad de condiciones. En el debate sobre cuál es mejor, el Real Madrid o el Barcelona, el Arsenal o el Chelsea, Argentina o Brasil, el escritor, el filósofo, el Nobel de la ciencia, el ministro de gobierno y el listo que se embolsa un bonus millonario mientras su empresa se desploma participan con igualdad de criterio con el albañil desempleado, el campesino chino, con el minero africano. No importa su país o su condición social, todos tienen acceso a más o menos la misma información y todos tienen la misma capacidad para interpretarla.”